
El ópalo maldito
Acerca de las joyas hay mucha tradición espiritista. De hecho, por eso se han hecho tan famosas y nos han llegado hasta aquí con un valor tan eterno y querido.
Una de las joyas y piedras que más controversia ha creado a lo largo de la historia han sido los ópalos. En muchas sociedades sostenían el valor de que concedía dones gratificantes que no se podían rechazar. Los griegos decían que quien poseyera un ópalo podía predecir el futuro, mientras que los romanos hablaban de un poderoso poder de fortuna. Mientras que los árabes hablaban de su procedencia como un rayo que partía hacia la tierra y creaba el ópalo; en Europa se hablaba de esta joya como la que traía esperanza.
Su nombre proviene no de su forma, si no de la costumbre cultural que tenía de engañar a los ojos, pues se decía que podía curarlos y hacer invisible a quien lo llevara frente a los enemigos.
Todo fue una época de maravilloso esplendor hasta que se extendió el rumor en las brujas de que podía producir la muerte con suma facilidad, y que facilitaba el mítico hechizo del “mal de ojo”. También se decía que predecía quien iba a morir de peste durante la plaga que exterminó a gran parte de la humanidad, al presionar la piedra sobre la piel y brillar con un brillo intenso y funesto de mal presagio.
Tuvo que llegar 1829 para que el novelista Sir Walter Scott escribiera una novela cuyo argumento nos trasladaba a una muchacha llamada Lady Hermione, cuyo engarzado ópalo al cabello brillaba según su estado de ánimo. Pero que un día funesto una gota de agua sagrada cayó sobre la piedra y esta se apagó completamente, cayendo la señorita enferma sin remedio alguno. Al día siguiente, cuando fueron a ver qué tal estaba, sólo quedaba de ella ceniza…


